OracI
Mi padre no entiende que en sueños no veo volar mi sombra sobre las aguas del océano, su padre tampoco lo había entendido a él.
Las ganas de ver plasmados en mis ojos sus ambiciones, parece que le provocan una sensación embriagadora, empujándolo a fusionar de mil formas sus pretensiones con las mías.
No puedo sino aceptar el cometido, entiendo que se trata de el destino que los dioses han trazado para mí. Su deseo junto a mi fortuna llena de melancolía mis venas.
Estamos parados al borde de un peñasco, sin previo aviso, mi padre empuja mi cuerpo desnudo al vacio.
1
Cuidadosamente fueron confeccionadas las alas con las que ahora emprendo mi hazaña, entrelazadas con hebras fuertes, me enseñan el principio de levedad, agito los brazos suavemente y de forma casi automática, todo el manto se pone en movimiento, entonces el cuerpo, por fin despegado del piso, renuncia a la lógica dejándose llevar, nunca nadie antes lo ha probado, soy el primero, siento ser el primero.
Mi cuerpo asciende lento y continuo sobre la mar, aquí arriba todo es imperceptiblemente silencioso, nunca antes había visto nada desde esta altura, desde este plano, me siento confundido, la novedad me confunde.
Una repentina borrasca hace que mi cuerpo ascienda aún más, estoy asustado, empiezo a creer que el destino baraja un mal presagio escrito con la tinta de Eolo, la confabulación misteriosa de un Dios maligno, juguetón como un niño que manipula mi suerte, e inevitable se divierte a costa mía.
Empiezo a pensar que odio estas alas y este encuentro con el espacio abierto, lamento mi suerte y mi destino.
El frio en los pies y la desconfianza en mi mismo hace que me tiemblen las rodillas, no siento los brazos por el peso del armatoste, y el esfuerzo por sostenerlo firme es aún más grande que mi desesperación, aunque se trate de solamente plumas, su liviandad es insoportablemente pesada. No creo poder lograrlo, Eolo ha conseguido llenar de dudas mis pensamientos.
Las ráfagas de viento juegan con mi nerviosismo y voltean violentamente mitad del armatoste. ¿Es acaso este un fatal augurio?
Tengo miedo, me vuelvo miedo.
2
¿Cuánto tiempo ha transcurrido?, no lo sé, desde pequeño me enseñaron a formularme preguntas ante cualquier duda, siento que ahora de nada me sirve.
Perdí varias nociones desde que mi forma se desprendió del ahora añorado suelo, la lucha con el destino ha inmovilizado el tiempo. Procuro adaptar rápidamente mi cuerpo de forma aerodinámica, como lo he visto hacer a los pájaros, siento la lenta mimetización con mis alas y creo que el viento poco a poco se acostumbra a mi presencia.
***
Entonces lo veo, radiante e inmenso, caliente, húmedo, profundo, cercano, sofocante.
La luz es enceguecedora, y cuesta mucho mirarlo de frente, aunque el dolor es intenso e inaguantable, hay algo en sus destellos dorados que hace valga la pena, no puedo dejar de querer alcanzar el paraíso, la necesitad de llegar hasta él es igual de insoportable que sentir mi piel derretirse. Mis ojos se han convertido en bolas de fuego ardiente, y el calor se expande a través de mi cuerpo.
Escucho como la sangre convulsiona en hervores, inevitablemente mis alas combustionan en monstruos de fuego, convirtiéndome en una llamarada gigante y el pedazo de madera que une el extremo derecho con el izquierdo del armatoste ha cedido violentamente hundiéndose como lanza en mi torso desnudo, lo hace sangrar. ¡Lamento ver como se tiñen de rojo mis blancas alas!
Mi cuerpo anestesiado por el dolor ha pasado a consumirse, hago esfuerzos sobre humanos por seguir agitando las alas pero no es suficiente, pronto me convertiré en cenizas y caeré al mar, conmigo caerá la ilusión de mi padre.
Me pregunto si me está mirando, me pregunto cuáles son sus pensamientos al ver su primogénito morir, quisiera poder ver sus ojos una vez más, decirle que no se equivoco al empujarme por el peñasco, que entiendo sus razones. Quería que comprendiera el paraíso.
Me gustaría decirle que, aunque haya sido por pocos segundos fui inmensamente feliz.
Las nubes han tornado a un color obscuro y mi sombra empieza a empequeñecerse infinitamente, irremediable caigo, irremediablemente se cumple el destino.

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