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Hombres azules



Hombres azules
Te soñé en verde, con un velo azul cubriéndote la cabeza y protegiéndote el alma, miles de cabras diminutas pasaban por encima de ti acariciando tu piel. Estabas a unos cuantos metros de mí, te veías dormido, aunque no lo parecías. Mientras yo, iba dando pasos cortos con los ojos cerrados.
Tropecé con un camello, o por lo menos eso pensé, parecía tratar de cogerme entre sus patas para luego devorarme, miré hacia donde tú te encontrabas, seguías dormido.
Desperté asustada, y antes de abrir los ojos acerque la mano cuidadosamente hasta tu lado de la estera, sentí alivio al palpar tu piel. Dormías 
profundamente, pude advertirlo en tu respiración, te veías contento, como cuando no hay resistencia entre lo manifiesto y lo oculto, entonces lo oculto, no invade lo inmediato. Me sentí feliz, tu felicidad de alguna forma, llena también espacios en mí.
Soñaste con un genio grande y fuerte, acercaba su presencia hacia ti, lo veías borroso por la cantidad de polvareda que levantaba aquel viento de luna menguante; luego de unos minutos tu vista se aclaró. Dentro del sueño miraste tus manos, tenías puestos guantes de seda Nephilia1 engarzada con finas mariposas. Sonreíste y las acercaste a tu rostro para sentir el tacto; de repente, una ráfaga las hizo volar, y despertaste de un salto mirándome sin verme. El sol todavía no levantaba vuelo.
Regresaste de la muerte etérea, donde el alma inmortal mueve el cuerpo mortal, tratando de conservar la transición del estado por silencios segundos. Nos besamos, al abrir la boca succioné el último atisbo de sueño que quedaba entre tus dientes, me miraste y me besaste una vez más.

2
Tu sueño se había visto interrumpido por el khamaseen2. Para no perdernos en el inmenso desierto, hemos aprendimos a orientamos por las ondas de la arena. Y las estrellas, son nuestras guías en los largos recorridos, cuando desplazamos kilómetros nuestro pueblo en busca de vientos libres. Algunas veces oigo llegar el khamaseen desde la tienda donde vivimos, me despierta de la misma manera que lo hace el canto del muecín. No podría vivir sin escucharlo.
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Esa mañana maquillé mis mejillas con polvo de piedra ocre de las montañas, y me puse el pañuelo azul añil. Te despedí con una silenciosa promesa de volver antes del anochecer. Montada en un asno, fui a por el agua que sale por en medio de la ruptura de piedras del desierto, Bebí de el líquido bendito y luego, lo vertí lentamente en el odre, una vez lleno de sustancia me sentí satisfecha y lo sujete fuertemente al lomo del asno con cuerdas hechas de palmera.
Volví a empalmar mi camino.
En el viaje de regreso me encontré con un hermano Tuareg originario de un pueblo vecino que, montado en su caballo, me dijo que venía de un lugar más allá del desierto, donde los vientos
no cantan y los hombres no conocen el lenguaje de
las estrellas, dijo que fuera del desierto los hombres usaban un artefacto llamado reloj, que les servía para medir el tiempo, no pude entender a que se refería, no comprendo como algo tan pequeño como el ojo de un camello es capaz de medir la inmensidad del tiempo, me quedé pensativa, entonces siguió:
- Todo en el mundo está dividido en dos partes, una visible y la otra invisible, aquello visible no es sino el reflejo de lo invisible.

- ¿Cómo lo sabes?- Pregunté.
- Es la forma más primaria en que los

hombres percibimos nuestro contexto- Me dijo - fuera del desierto lo visible se ha apoderado de la forma en que observan el

mundo, y han dejado de tomar en cuenta lo invisible, extrayendo casi en su totalidad su esencia. Tienes suerte de no conocerlos.-
El hermano Tuareg siguió su camino hasta perderse detrás de una pequeña duna de arena.

3
Cuando la noche empezó poco a poco a vestirse de luces, llegó la hora de reunirse alrededor del té y los relatos. Entonces tu voz se hizo eco, empezaste componiendo versos, las palabras brotaron como un manantial infinito de miel y el mundo finalmente calló. Todos bebían de tus palabras, todos te tenían dentro.
Comenzaste diciendo
- Esta noche he visto una nube en el cielo infinito
un paño gris en medio de la noche creciente.

Parecía un turbante sobre el árido monte. Luego he mirado a mi hermano
y le he dicho: “hermano,
¿te gustaría que esa nube cargada de agua fresca


se descargase sobre tu cauce seco?
Tu orilla volvería a poblarse de hierba
y yo me quedaría al menos algunas lunas engordando a mis cabras.
Y mi hermano contestó: Eres un ignorante, las nubes son mujeres caprichosas, derraman sobre ti la dulce miel de sus ojos y luego parten lejos, aunque su recuerdo permanece
hasta que el sol lo derrite
y la felicidad se va con ellas.



Pero aún así, si la nube lo quiere
que derrame sus dones sobre mi cuerpo seco.

Así hablaste hasta que la primera luz del alba despuntó.
Tus palabras como siempre, terminan dando sentido a la existencia de nuestro pueblo, nos la hacen comprender y comprendernos a nosotros mismos.
Que tu palabra sea el cauce de nuestro rio eterno. 

Fibra proteica hilada naturalmente por arañas. Las arañas la emplean para desarrollar redes de caza o telarañas, nidos, protecciones para sus huevos o incluso para transportarse por el aire a modo de parapente.
khamsīn, "fifty" Viento caliente, polvoriento y seco que sopla desde el el sur en el norte de África y la Península Arábiga, estas tormentas de viento seco, polvoriento menudo sopla esporádicamente más de cincuenta días de ahí el nombre.

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