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Desamor



El silencio caminó con nosotros y nos besó en la frente, mientras con pasos adormilados llegamos hasta el fin. No pudo ser de otra forma, por lo general, adopta un comportamiento similar al vacio. 


Desamor

Se mantuvo insípida frente a  la presencia lejana de los algunos llamados otros. Mostrándose inteligible ante lo vulnerable de lo superficial. 
Solía sacudirla par de veces durante lo corto de nuestra existencia compartida. Intenté resguardarme en las orillas de aquel bálsamo mental, donde acostumbro encontrar  refugio frente a la incontrolable lealtad a mi ser.
Es que así soy – Dijo sin verme, mientras que por entre los dedos le caían las últimas gotas de niñez.
Yo solo sonreí. Recordé cuando fusionados uno con el otro descubríamos cuentos, yo aprendiendo de ella y ella prendiendo la fantasía.  Como por encanto de embrujo, mis pensamientos cayeron dentro de un cono esférico, hundiéndose en un abismo intolerable donde el sentimiento de perder la satisfacción se elevaba por entre los demás sentimientos. 
Traigo a mi memoria haberme empapado de aquellos relatos verdaderos, esos pegoteados de mundo vacío; que ahora, años después, reconocí estando con ella.  Inevitablemente gélida, germinó la falta de frescura con la que se paseó nuestra monotonía.
Solo tú sabes suministrar la parte izquierda  de mi corazón.- Dije susurrando y sin aliento.
Ella, simulo no escucharme. O quizá simplemente, así pasó.
Quedé inmovilizado ante aquella luz emanante de sus ojos claros; sentí estar frente a un reloj antiguo, de esos que sirven para acumular polvo y quedar olvidados en su propio tiempo; pero, que por sobre todo, son puramente bellos.
Pienso que ya no creo quererla, aunque sin querer, queriendo la ame.

Abstraigo las arenas de mi memoria. Observo el inequívoco pero por sobre todo, perverso desvanecimiento del encanto, lo vi a través de sus ojos, de su forma casi perfecta; en aquellos discursos perfumados del más fino encanto que tantos amaneceres nos hicieron vibrar. Aunque entre sonrisas y  con exceso de pretextos, el páramo de silencios se hacía cada vez más absurdo entre los dos.
¿Sin más me miras?- Tartamudeó en su expresión.
Trataré hacerlo nunca más.- Dije triste con  la mandíbula difícil.

Comencé con unos versos,  no sé si los más lindos, aunque si los más apropiados para excusar mi cobardía. No solos de esa, sino de todas las noches venideras. Mutilando el pedazo de retórica escasamente aprendida; diversifiqué mi labia universal. Antes de entrar al noveno verso, donde las preguntas más parecen respuestas, atinó a acercar su cuerpo desnudo.
 Nos contagiamos en un exceso de alteración y asfixiante sudor; mi cuerpo alcanzó las notas principales para esbozar la grandeza de mi deseo. Mi sexo bañado en delirio palpitaba hacia arriba y hacia el centro. Sucumbimos al son de aquellas notas mudas, de aquel candor indeleble que solo hierve en las angustias de la pasión. 
 Momento, donde la sensación que nuestro baile facilitaba era único; no por ser ella conmigo, ni yo con ella, sino por la inmensa percepción equívoca de felicidad. Los latidos bailaban al ritmo de la fiesta de pequeñas muertes, y lágrimas comenzaron a escurrirse por mi rostro. Sabía que esa sería la última vez, sabía que por mucho que amásemos aquel momento, nuestros destinos estaban empeñados en ser parte de otros todavía más ajenos.
Dejémonos llevar.- Dije yo.
Este barco no necesita comandante. - Respondió.

3

Así pasó aquella noche, entre lágrimas y pequeñas muertes. Ahora, mil años antes o después, me queda tropezar con este pedazo de letras incoherentes, que desesperan por  mitigar un dolor sin razón, pero con todo el sentido. Desde aquel día, y cada noche, una idea empuja a las demás e hincha de nostalgia el contexto. 
Reflexiono sobre aquel día, aquella muerte generadora de recuerdos. El proceso de cambio que acarrea lo desconocido y la mutación por la que pasa un pozo profundo cuando algo ha caído en su interior, que, al no ser capaz de calcular el tamaño de su masa, intención o el tiempo que toma en llegar a lo más hondo, origina una especie de incertidumbre dolorosa, aunque una vez finalizada la transición, surge la idea principal  de que pese a cualquier esfuerzo por volver a producir el mismo impacto, no sucederá por segunda vez, nada se repite con la misma exactitud que la primera, ningún dolor pasa de inédito a conocido dos veces.
Se me rompió el corazón, por una única vez.

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