Un ruido estrepitoso me despertó de una plácida somnolencia. Pasó demasiado rápido, recuerdo tener entre las patas a mis dos pequeños recién nacidos, entonces, un haz de fuego y trueno atravesó el cuerpo de uno de ellos, el que estaba justo dormido al costado derecho, cuando intenté cogerlo con los colmillos, me di cuenta que mitad de su cabeza yacía sobre la hierba verde en la cual hace algunas horas nos habíamos acomodado, justo después de amamantarlos por primera vez. En cuestión de segundos y sin pensarlo el instinto de supervivencia me hizo coger a mi segundo cachorro, se había quedado inmóvil a causa del terror, en sus ojos solo veía el miedo, lo cogí con mandíbula prieta, el tirón enérgico lo lastimó y oí un rugido, en cualquier otro momento me hubiese paralizado, es primera vez que tengo descendencia, sin embargo, la vida de ambos dependía de mi agilidad y no tuve tiempo de recoger a los dos… tuve que dejar a mi cachorro muerto atrás. Corrí monte adentro tan rápi...
¿Alguna vez lo etéreo te ha susurrado al oído?, ¿Alguna vez sentiste su aliento dulce y conveniente?, como cuando un aletargado zumbido actúa anestesiando tu inconsciente y te dejas llevar por su deliciosa corriente imperceptible. Ese preciso instante donde el bien y el mal se mezclan para terminar siendo en partes iguales un solo todo, ese momento en que, con toda claridad me doy cuenta de que sin el espectacular sacrificio de la bondad, sería tremendamente difícil apreciar el infierno. Momentos después, no creo en nada más que en el vacío, no encuentro más antídoto que embriagarme de aquel veneno teñido de éter y muero despacio adentrándome en el infinito mundo de las ideas. Me he movido en círculos por mucho tiempo, pensando que sería la manera más vital, o al menos la más segura para ser yo mismo. Luego de ver pasar cientos de lunas he dejado de estar tan segura, aunque todavía sigo creyendo que la sinergia que los círculos crean a través de su ev...