¿Alguna vez lo etéreo te ha susurrado al oído?, ¿Alguna vez sentiste su aliento dulce y conveniente?, como cuando un aletargado zumbido actúa anestesiando tu inconsciente y te dejas llevar por su deliciosa corriente imperceptible.
Ese preciso instante donde el bien y el mal se mezclan para terminar siendo en partes iguales un solo todo, ese momento en que, con toda claridad me doy cuenta de que sin el espectacular sacrificio de la bondad, sería tremendamente difícil apreciar el infierno.
Momentos después, no creo en nada más que en el vacío, no encuentro más antídoto que embriagarme de aquel veneno teñido de éter y muero despacio adentrándome en el infinito mundo de las ideas.
Me he movido en círculos por mucho tiempo, pensando que sería la manera más vital, o al menos la más segura para ser yo mismo.
Luego de ver pasar cientos de lunas he dejado de estar tan segura, aunque todavía sigo creyendo que la sinergia que los círculos crean a través de su evolución cósmica es la correcta… más no estoy convencida de siempre haber querido o querer fluctuar en este movimiento, posiblemente se trate de una advertencia.
Intuyo que todas las causas deben abrir un camino, sin embargo no todos los caminos provienen de una causa, y no todo lo que he escrito vendrá a tocarme la puerta algún día, con lo cual, asumo el conocimiento de que servirse del entendimiento anterior termina dejándome un sabor de boca muchas veces agridulce, y de que no siempre he sido una buena persona, no siempre he deseado el bien ajeno, y muchas veces he envidiado y deseado la muerte… esta es mi confesión.
En base a esta aceptación intento construirme cada día, sobre fuego o sobre agua, ejercicio tan necesario como respirar, respirarme, abrir los poros hasta saciar mi núcleo de energía, de historias aprendidas, errantes, colectivas, narraciones que acaban algunos días por ahogarme, ideas intensas que no me dejan en paz y finalizan por matarme, para luego renacer en forma de acción o de estructuras mentales renovadas.
Me doy la oportunidad de florecer como la persona que quiero ser, sin el miedo que muchas veces paraliza y confunde, mil luces yacen dentro de la fuente y a la vez dentro mio…. ¿acaso no somos un maravilloso universo lleno de luces incandescentes reflejando infinitamente unas a otras?

Comentarios
Publicar un comentario