Ir al contenido principal

Mis alas




Mire en tus ojos profundos, encontrándome con  aquello que nunca antes había visto, y que sin embargo imaginé  extrañamente familiar. Fue aquel día que volamos… ¿Lo recuerdas? Tú vestido de negro y yo vestida de ti. 

No supe qué decir, arrimaste tu cuerpo decidido, atravesando y reconstruyendo mi cuerpo. Sentí como tu tacto retumbaba sordo en un silencio profundo, un silencio donde el sentimiento se cruzaba con la satisfacción del alma tuya, que perfectamente había estado esperándome. Sin más, caí profunda, profunda y feliz, profunda y plena.

 No sé si fuiste  tú, o fue la indeleble sensación que plasmaste en mí, recuerdo haber sonreído con el corazón, recuerdo perder la conciencia y disfrazarlo de nerviosismo. 

Tu fuerza, acompañada de un aliento embriagador y delicadas manos, brotó como un manantial, advirtiendo que quizá fuiste y no fuiste, tiempo antes de llegar a esta vida.

Cuando en cánticos y susurros recuerdo aquel día, el sutil violáceo tus alas regresa a mis oídos, las recuerdo tendidas y desparramadas al sol, tan hermosas y simples, tan puras y llenas.  Las mías, mis alas, aún no germinaban, al sentirlas bajo mi piel, volteaste de forma instintiva y con halo mágico hiciste aparecer la primera pluma, la sensación me asustó, nunca las había visto, ni tenido conciencia de su existencia invisible.

 De forma casi mágica y movimientos de mano circulares, las fuiste revelando una a una, sin prisa pero sin descanso, tan pequeñas  y simples se veían, rozaste con ellas tus labios por primera vez y las sentí estremecer, inmediatamente tornaron su color níveo y pequeño  en fuego e intensidad y su fragilidad en resistencia. 

Recuerdo nuestro primer vuelo como si fuese ayer, los imprecisos giros se precipitaron a nosotros y caímos irremediablemente, sonrojé mis mejillas y no quise mirarte, tengo que reconocer que  me costaba mirarte, tengo que reconocer que al igual que ese primer vuelo, todavía me cuesta. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Gorgona

Gorgona Las palabras reflejadas una y otra vez en mi escudo me impulsan  seguir adelante, tantas veces son las que he escuchado aquella historia empolvada ahora por los años, tantos eran los hombres que había visto desfilar hacia su muerte, aunque estoy seguro que esta vez será distinto, el destino sonríe y marca las piedras en mi favor. Contados tiene los minutos aquel mounstro de melena serpentina. Y será mi propia espada la que acabará con aquel maleficio.  El sol ha desaparecido, pero la luna todavía me acompaña, hacen semanas desde el último atardecer que vi caer detrás de mi comarca, y poco a poco los días dejan de tener nombre. Mis pies alados conducen el camino hasta las orillas de mar Egeo donde se encuentra resguardado el bosque de las ninfas, al verme aterrizar, cientos de pequeñas hadas se acercan curiosas para rozar mi  joven piel, es tan suave, tan tersa, que muchas se estremecen solo con pensarlo.  Al notarme herido a cau...

En todos

“ Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado, no había sido llamada con nombre abajo la tierra firme”  (Enuma Elish, Poema Babilónico) En Todos Nuestro  mundo ha quedado destruido, distorsionado y sumergido en las interminables dimensiones del olvido. Sometidos hemos sido por los que llegaron de otro cielo. Ya nuestras piedras sagradas lo habían presagiado, y sabiendo que era el fin de nuestro planeta, comenzamos la búsqueda intergaláctica para sobrevivir en otros mundos. Cuando la invasión tuvo lugar, todo fue confuso, se propagaron de forma sorprendentemente rápida como la bruma cuando amanece.  En un principio nuestros reinados no prestaron demasiada atención a la migración, los veíamos cómodamente lejanos e inofensivos, demasiado opacos para ser una amenaza, demasiado delgados y encorvados, para representar algún mal. Recuerdo que en principio hablaban sin sentido, decían ser distintos, superiores en raza, creímos que estaban locos, pu...

Hombres azules

Hombres azules Te so ñ é en verde, con un velo azul cubriéndote la cabeza y protegiéndote el alma, miles de cabras diminutas pasaban por encima de ti acariciando tu piel. Estabas a unos cuantos metros de m í , te ve í as dormido, aunque no lo parec í as. Mientras yo, iba dando pasos cortos con los ojos cerrados. Tropecé con un camello, o por lo menos eso pensé, parec í a tratar de cogerme entre sus patas para luego devorarme, miré hacia donde t ú te encontrabas, segu í as dormido. Desperté asustada, y antes de abrir los ojos acerque la mano cuidadosamente hasta tu lado de la estera, sent í alivio al palpar tu piel. Dorm í as  profundamente, pude advertirlo en tu respiraci ó n, te ve í as contento, como cuando no hay resistencia entre lo manifiesto y lo oculto, entonces lo oculto, no invade lo inmediato. Me sent í feliz, tu felicidad de alguna forma, llena también espacios en m í . So ñ aste con un genio grande y fuerte, acercaba su...